domingo, 12 de agosto de 2012

Castilla

Verano. Cielos quietos,
tan altos. Y al mirarlos,
qué distante de ellos,
y sin embargo a un paso
de su calma.
Traspasa el sol las nubes
en tal intensidad
-ni un ave cruza, incluso el aire cede-
que ese blancor quisiera
aquí en la tierra.
 
 
* (Este poema fue escrito hace ahora un año en Valladolid, en un paseo de vuelta a casa. Guardado hasta hoy, al releerlo, lo aprendido en este tiempo es que esa mencionada distancia más que el requerimiento de un deseo es una sintonía percibida al instante ante los elementos naturales capaces de aflorar lo mejor en nosotros. No otra cosa que la contemplación que nos abre la armonía y a la vez la conciencia de las cosas. Permítanme no entender el afán destructivo de los incendios de todos los veranos. Cómo es posible el ensañamiento de acabar con miles de hectáreas de bosques centenarios que perdemos para siempre. Hasta cuándo.)
  

viernes, 3 de agosto de 2012

Junto al agua

Las señales sagradas de cada día,
por ejemplo, unas piedras rodadas bajo el agua,
la luz que en apariencia no declina,
el tiempo vuelto aroma de las rosas,
lugares que se abren
y figuras.
Falta sólo la voz que, si la dibujara,
me daría por siempre
la belleza y sus formas.
 

jueves, 26 de julio de 2012

Vegetal

Han podado el jardín.
Cojo del suelo
tres hibiscus,
cada uno de su color:
rojo, anaranjado y nácar.
Es ese mundo
entre el agua y el viento,
con raíces y lentitud de lo arbóreo
al que aspiro
y no recuerdo si he llegado a entender.
Bajo su reino acogedor e indefenso
busco en la umbría
la semilla
por la que un día sienta
que mis hojas -fuera ya del olvido-
son ese surtidor
del que nacen los pájaros
o tal vez -y a la vez-
el regalo de ellos a la tierra.
 
 

miércoles, 18 de julio de 2012

Arena

Archipiélagos, islas,
palabras, sílabas.
Abre los ojos.
Nubes
            de salitre
                             y memoria.
Deja que el mar invada
la brisa de los cuerpos.

                * * *

Bajo el sol la insistencia
de la luz nos conforma.
 
Unas rocas reflejan
en su humedad las dunas.

Lo que ves permanece,
ni es ajeno ni excluye.

Ingrávido el espacio,
al sentirlo sucede.

Llega a ti y eres parte
que irradia lo que sientes.
 


miércoles, 11 de julio de 2012

Inmensidad


Nadie imagina el mar desde la orilla,
ni lo alcanzan los pies dentro del agua.
El mar lo mismo incita que golpea
y es una inmensidad que espera y llama.
De noche es boca a donde nunca iría.
Su abismo, una canción que no procuro
oír o navegar. Bajo las olas
la muerte es bella, sumergida y muda,
la vida es mansa dimensión soñada.
El mar en su vaivén asalta y deja
una verdad solar en quien lo mira
y entra su cuerpo en él y se abandona.
Un niño juega y al tocar la espuma
apresa ausente el tiempo que le queda.
  

viernes, 29 de junio de 2012

Jaraíz, dos imágenes

                I

Miro el cerezo en flor.
Tanta blancura
precede a unos colores
inextinguibles, jóvenes.
Tanta blancura
fugaz, evanescente:
inmaculada sólo
en la rama o la nieve.

               II

Cerezos en tormenta.
El aire se disuelve
en neblina inasible.
Luz envuelta en un alba
desprendida, volátil.
Invadido de pétalos,
el paisaje semeja
constelaciones, iris.
 
 
                                            a Tomás Sánchez Santiago
                                            Jaraíz de la Vera

 
 

* (Son sólo dos pinceladas acerca del espectáculo natural de la floración de los cerezos que durante tres años me regaló la estancia en Jaraíz de la Vera. Nada más. Hubo quien, al mostrárselos en mi ingenuo entusiasmo, los desestimó literariamente. Reconozco que guardé los poemas sin evitar la tristeza. Formaban parte de un cuadernillo que se me pidió en el que auné lugares y nombres, en este caso el de Tomás, que durante unos hondos y queridos años estuvo enormemente cerca. Todo como la fragilidad de esas flores y pétalos que no superan apenas los quince días o unas horas de blancura velada al desprenderse entre el aire y la tierra. De manera sutil, la naturaleza había ido entrando en mis versos. Ahora es habitual que aparezca. Al rescatarlos, celebro su escritura y revivo estas imágenes que en la ladera donde estaba mi casa podía contemplar.)
  
fotografía de Víctor Ferrando
   

miércoles, 20 de junio de 2012

El volumen del bosque

He rozado algún logro,
sostenido la fórmula,
percibido el sentido
sin cadencia del tiempo.
Busqué limpio el origen,
lo concebí en mí mismo
cercano a lo que escribo.
Sé que a veces se esconde
y ahora sin él recorro
los parajes de siempre
a espera de que vuelvan
de nuevo las palabras
por encima del fondo
de las interrupciones
y sirvan de esperanza
como lugar posible
al costado del día
más agitado o denso,
como espacio seguro
de remanso que lleva
fácilmente de vuelta
al momento en que somos
mientras sucede el vuelo
sin cesar que se abre
y a veces pronunciamos,
o la lluvia nos cae
buscando las raíces
presentidas del bosque, 
y el temblor, su volumen.