domingo, 31 de mayo de 2015

Hora cumplida

                                                      a Santiago Castelo, in memoriam

Un labio que cruzara entre dos nubes.
Así tu corazón se nos despide.
Sobre la tibia tierra de encinares
y los olivos de templanza antigua,
bajo un rincón al sol será la cuna
de quien gustó del mar y el mediodía,
la tierna mansedumbre y la querencia
de dibujarnos cuando hablaba
la luz de las macetas,
los cantares,
la mano femenina en las labores,
la mirada traviesa,
el frescor de la cal y el agua limpia:
el origen, la casa, aquella infancia.
Viviste, luego escribes. Nos quedas en palabras.
Desde el anhelo de la fe y la vida,
en la hora grave y a la vez serena,
ya desnudo de niebla, ante tu casa
natal a la que llamas... oyes, hay un rumor,
te esperan, ¡qué impaciencia!,
flor es mayo, como un reloj
tu adiós se hace perfil de alcobas
-oh inminencia frutal, libre llanura-,
alrededor elevas tu mirada,
y todo lo que ves así está bien, y aceptas.
 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Despedida a mis alumnos

Ahora que el curso 
acaba y el verano
se abrirá desde playas
y entre noches sin sueño
vueltas al mirador 
de un paraíso -el de la edad
temprana de unos ojos
puros ante el sentido
y la belleza del mundo,
inicial como ellos-
me despido consciente
de lo que un día fui
y veo en vosotros:
el origen de todo
sin más mancha ni peso
que el vuelo de cometas
en un cielo sin nubes
hacia ninguna parte, 
por el gusto infinito
de ondear sobre límites.
El tiempo y el amor es ahora vuestro,
deletreo en mis libros. 
 

domingo, 26 de abril de 2015

Llave

Busco tu nombre
que conduce al mío.
Toco en tu imagen
donde dobla el aire.
Abro la mano, soplo.
Así cruzas. Te observo
sin querer retenerte.
Y vas, vienes... No era en vano
el reflejo hacia adentro
de un don desposeído,
el sentido entrevisto
del vacío en silencio.
 
 
* (No es la primera vez que, tras la escritura de un poema, la reacción de un lector, inadvertida para quien la hizo, genera la escritura de otro texto que engarza con la creatividad todavía abierta del poema anterior. Este es el caso de estas otras palabras surgidas poco después de ese esbozo de remanso interior que hace unos días titulé Patio. Y cada poema es un impulso distinto.)
 

domingo, 19 de abril de 2015

Cuanto sé de mí



 
todo 
lo 
                                                se desprende
que 
es 
vuelo 

 
 
* (Este verso, que pudiera ser también un título o un aforismo, y tal vez sólo sea un pasajero autorretrato o selfie -aunque lo pasajero permanezca y dure-, que eso es la reflexión, contiene las lecturas que el lector crea o busque. Qué mejor que su disposición gráfica también fuera libre: esta misma. Jueguen a componer otras varias. A cambio, permítame José Hierro usar el bello nombre de su obra completa. Y Quevedo, esta vez, la admiración de traicionarle.)
  

viernes, 17 de abril de 2015

Patio

En el jazmín conoces
la magnitud más simple.

Bajo su aroma blanco, 
un lugar impalpable

en el aire suspende
el aliento si es frágil.

Quien pierde el alma
sólo a veces la intuye.

Deja que evoque 
su figura la fuente.

Un ave o una hiedra
bastan y la sostienen.

De repente, en un patio, 
la quietud gira libre.
 
 
* (Abril no es el mes más cruel pese al verso de Eliot, por seductor, tan bello. Ya ha cesado el frío, la luz y los días son más largos, quien esto escribe cumple años. Se abre el deseo o el presentimiento de lo mejor que también somos y nos merecemos. Pese al peso invisible que deshacemos hace años al lado de estas ráfagas de lo intenso y translúcido. Su inminencia devolvería el gusto y sentido -el centro- que buscamos en lo cercano, en lo pequeño, en nosotros. Ahí, a un paso.)
 
  
Imágenes del patio de la casa de Víctor Guerrero Cabanillas y Nieves Moreno Horrillo en Villanueva de la Serena donde tuvieron la delicadeza de colocar este poema mío en una placa de cerámica de Mensaque. Enormemente agradecido.

viernes, 27 de marzo de 2015

Otra jornada

Frente al extenso mundo
saber estar en pie era el secreto. 
Ninguna otra manera
desvelaba su esencia,
daba fe de su paso.
Con proseguir bastaba. 
Tarde o temprano el tiempo 
llega a asaltar certezas
o nos mina lo cálido
hasta dejar la marca
del frío alejamiento,
e incluso más, la desaparición
de lo más íntimo. 
Persistentes cenizas
quieren amenazar 
el comienzo del día. 
Un momento en que todo
parece ya vivido
o llega a nuestras manos
como un recuerdo o eco 
más que un impulso limpio. 
Son días fatigosos de un invierno
pertinaz y abusivo,
contrario a lo acertado
y a la vez inclemente. 
Saco de mí este rostro
impuesto y pegajoso. 
No pienso en más futuro
que lo más inmediato. 
Quiero creer que existe
todavía un sentido:
algo más que seguir. 
Estar de pie no es todo.
Son días en que la vida
nos ignora o impide. 
Cabe huir de estos cielos 
quemados que son suelos escasos. 
Sentir más limpio el aire. 
Esperar el transcurso. 
No es posible perder
lo que hemos sido y somos. 
La piedra sigue ahí. 
También el árbol. 
A su sombra, nosotros,
seres más pasajeros,
sostenemos la luz
que nos permite vernos.  
Ni podemos caer. 
Hay veces que la vida sucede
por encima de todo. 
Casi nunca pregunta. 
Respiramos. 
Y queda una ambición. 
Un deseo de avanzar.
Algunas persistencias.
Claridad en la voz. 
El color de unos ojos. 
Y aprendo a darme cuenta:
Ante mí nada es fijo
y el aire son mis huesos.
 
 
* (Dudé de dar a luz este poema, días atrás todavía inseguro e incompleto, surgido en algún momento de febrero que no feché, y reflejo de ciertos periodos densos como ha sido este invierno en general para muchos -y no sólo por la dureza del frío-, que de cara a escribir, por ejemplo, lo impedía todo, no sólo la pericia, como también una visión o mejor tono. Pero al final veo que expresa un testimonio real de esos días que cuesta cruzar más y no cabe evitarlos. Tras cuya prueba quedan o no en pie nuestras convicciones y fuerzas que no deberían caer. Hoy, 27 de marzo, solía ser el cumpleaños de mi madre. Sin que esté ya ella aquí, quiero sacar la reflexión de esta 'otra jornada' con gratitud, en su memoria.)
 

viernes, 20 de marzo de 2015

Eclipse

                          a Antonio Rigo
 
Hoy que la luna
cruza el día escondida,
el color de su sombra
lanza una confidencia:
No está lejos,
nos mira, nos descifra.
Y hasta fulge en mi mano
el lugar de su órbita.
Si camino, si hablo,
no estoy solo.
Y escucho:
es inmensa la noche,
soy un rastro de estrellas.

 

* (Hoy hemos celebrado en nuestro instituto el día mundial de la poesía con la presencia de Antonio Rigo quien, al recitar, sabe que una lectura de poemas puede incitar también a otra manera de entender la vida. Se escribe porque previamente existe una mirada y la palabra capaz para que otra realidad más alta o más nuestra sea posible detrás de las señales diarias: la luz, los elementos, una vivencia, un encuentro... Pertenece al tipo de escritores en los que la creación poética conduce a una manera de vivir sin vuelta de hoja (Par délicatesse j'ai perdu ma vie). Hay en su obra la suficiente emoción, intuición y sorpresa que delata otro propósito en la vida. Hay quienes buscan en el arte un más allá del artificio y la exigencia técnica; otros atienden al momento de aparición de la palabra esencial y lírica. Y quienes no saben decirle ya que no a partir de entonces a tan alta señora. En los poemas de Antonio Rigo se da la cercanía y claridad de los autores orientales de haikus de los que tanto gusta. Contemplar, sentirse finalmente un árbol, también reírse de ello. Parafraseando a Octavio Paz, el mundo cabe en unas pocas sílabas. Yo acepto el suyo, que hace más agradable el mío. Y que me sumerge en la belleza y el agrado de un transcurso distinto y sensible. No otro que su relato cotidiano que al compartirlo se convierte en un relato especial de este insular rincón mediterráneo, bajo el aliento del mito, los olivos, la amistad y el deseo. Sólo gracias.)