Este era el sitio
que me esperaba
para vivir
el resto de mi vida.
Este árbol al pie
de esta ladera
a donde subo tantas veces
y escribo
o veo el paisaje,
o cierro
los ojos
para escuchar la noche
o la corteza
en que apoyo mi espalda
a la vez que me encuentro
y paladeo lo simple:
el aire, el rumor vegetal,
cada silencio
con el que deletreo
lo que soy y lo que alcanzo
antes de irme,
la sucesión
de cada uno de mis rostros
que ya dejé de ser
y permanecen
junto al color de cada cielo
diferente,
anclados a este sitio
en que el alba se abre,
cae la tarde, me cobija
la noche,
y algún día,
en la intemperie
del desgaste del tiempo,
la memoria invisible
de este tronco
aún sostendrá
la misma
serenidad
del horizonte
por la que sí me llegue,
en mi ausencia
de aquí,
el sueño
dibujado
en sus raíces.
lunes, 4 de junio de 2018
jueves, 24 de mayo de 2018
Imago mundi
a Toni Gost
Primera luz,
el cielo por delante.
Vivir, atravesarlo.
Aspiración
a que no pese el cuerpo
desde el cuerpo.
Al comienzo del día
un destello nos basta
sin pagar alto coste.
Ligera certidumbre.
Ver que surge en nosotros
la consonancia simple
de recorrer el mundo y recrearlo,
de avanzar y sentirlo
al recibir su rostro sucesivo,
vegetal y creciente
que, igual que una llovizna
o el rumor del calor,
nos impregna
la sensación abierta
de alcanzar y atraer
la forma con que el sol es cada fruto.
Y con sólo pensarlo,
e incluso sin palabras
-vibrar es existir
y un temblor cada paso-
verlo es casi contar,
pues pareciera escrito
en la presencia libre
cuyo brillo recojo
en la luz de su espacio.
Una mirada, un pulso,
tan sencillo momento.
Un transeúnte
en medio del camino
dijo esto.
dijo esto.
* (Hace unos días, en una guardia de biblioteca de mi instituto, inesperadamente asistí a la visita a un grupo de alumnos de bachillerato de Antoni Gost, poeta mallorquín residente en Sa Pobla, al que no conocía personal ni literariamente. Y ahí empezó el regalo. Tras este hombre pequeño, de voz tomada, discretamente amable, con el sentido del peso y valor de las palabras que ofrecía sonriente como una señal capaz de una realidad superior compartida e intacta, su relato creaba el espacio esencial de la poesía mucho antes de entrar en el ejemplo de sus textos manuscritos, hermanados artesanal y libremente con la imagen y las texturas de pintores amigos y materiales diversos: papel, madera, manchas, metales, arena, telas viejas... Por su esencialidad, llegué a sentir que la decantación del haiku suponía un exceso al lado de algunas expresiones más despojadas, conmocionantes y breves suyas. Y que algunas personas como él mismo son capaces de hacer aflorar lo poético en una conversación tan poco habitual como espontánea. Desde ahí, era posible luego acceder a este estado donde el lenguaje adquiere el destello de convertir al lector o el oyente en un ser tocado por el don del sonido y el silencio hacia otro alto propósito y sentido, y acercarlo a una sensibilidad más a salvo a diario. Estaba yo en esos días anotando este poema. Gusté de introducir en él algún detalle que me sugirió escucharlo y se lo debo. Como también la gratitud y el asombro hacia lo cordial y sencillo. Ahí seguimos, nel mezzo del cammin, nada lejos. Algún día nos veremos.)
domingo, 8 de abril de 2018
La mirada y Marina
Mi viaje a Sevilla.
Revisando las fotos
te juro que mis ojos
recorrieron mirándote
también esta ciudad.
Todo cayó en tus manos,
el azahar de sus calles
en abril, por ejemplo,
o la lluvia de luz.
Y el deseo de volver
al perfil de esta orilla
donde suele la dicha
olvidar la escasez.
Yo diría que a la noche
Revisando las fotos
te juro que mis ojos
recorrieron mirándote
también esta ciudad.
Todo cayó en tus manos,
el azahar de sus calles
en abril, por ejemplo,
o la lluvia de luz.
Y el deseo de volver
al perfil de esta orilla
donde suele la dicha
olvidar la escasez.
Yo diría que a la noche
sábado, 31 de marzo de 2018
Revelación
El tiempo acude
al pozo de los nombres.
¿El haiku es breve?
Trazo el dibujo
del día que sucede
en sus vocales.
Lo que te ofrezco
una red invisible
ágil recoge.
Siente que eres
el lugar del origen
para leerlo.
al pozo de los nombres.
¿El haiku es breve?
Trazo el dibujo
del día que sucede
en sus vocales.
Lo que te ofrezco
una red invisible
ágil recoge.
Siente que eres
el lugar del origen
para leerlo.
* (A los poemas les gusta venir a veces de improviso, pillándonos con la guardia baja, mientras hacemos cualquier otra tarea, como esta vez que entre verduras, vapores y cazuelas pensé ¿cuánto dura un haiku? y tuve que ir anotando lo que me venía sobre la marcha. Eso sí, las 17 sílabas del haiku (el mundo cabe en diecisiete sílabas, que cifró don Octavio) se me trastocaron en alguna más: 7-5-7 en lugar de las canónicas 5-7-5. Lo acepté, pero releyendo hace poco el poema preferí ajustarlo a su medida clásica y volví a comprobar que, como tantas veces, la versión más sencilla suele ser también la más lírica. Acompaño la entrada de esta fotografía que le pedí a su autora a semejanza de una escena similar vista cerca de casa y que me procura la ligereza y la felicidad que cabe en un paseo en bicicleta.)
fotografía de María Hoyos, Trento, 2012
martes, 27 de marzo de 2018
Jardín con mirador sobre Mallorca
Un colgante jardín, sin nadie,
abandonado, a dónde da.
A donde el tiempo flota
gentil y reclinado en el silencio.
Un rostro lo contempla tras la lluvia.
Las hojas en su danza casi tiemblan
y el óxido se aferra a cada grieta.
El sol acude como el día primero
y el aire lo protege en su reflejo.
Al pie de la cancela que a tu paso
revive estas señales imprecisas.
lunes, 26 de febrero de 2018
Seguridad
Acepta ser amada por un hombre
que dibuja en tu imagen su palabra primera.
Acepta que eres fuente de ti misma
y el día se ordena porque tú despiertas.
Acepta la verdad: nada comienza
-ni tú, ni el simple germen de una hoja-
que vaya a declinar en mi memoria.
Cuando caiga la tarde, en las hogueras,
la noche emergerá por reflejarte.
que dibuja en tu imagen su palabra primera.
Acepta que eres fuente de ti misma
y el día se ordena porque tú despiertas.
Acepta la verdad: nada comienza
-ni tú, ni el simple germen de una hoja-
que vaya a declinar en mi memoria.
Cuando caiga la tarde, en las hogueras,
la noche emergerá por reflejarte.
* (Hace unos años alguien me pidió que escribiera un poema sobre ese territorio -¿ideal, accesible?- del alma gemela. En el fondo, de la relación amorosa. Ante un encargo o reto, la respuesta nunca puede partir de nada. Ha de haber un rescoldo desde donde poder hablar en sintonía o resonancia. El poema quedó, como otros muchos, guardado, a la espera de que su factura y su bagaje de verdad o de niebla lo decantara el tiempo. Ahora que los últimos fríos del invierno se alternan con los primeros soles de la primavera puede ser el momento de dejarlo volar y compartirlo.)
viernes, 16 de febrero de 2018
Cercanía del alba
Antes de que se vaya
la última nevada
que aún brilla en estas cumbres,
la noche que nos hiela
no vence al corazón
que duerme a oscuras.
A quien guarda las horas
o callado confía,
el mismo cielo inmenso
negado por las nubes
será capaz de abrir
la templanza del suelo,
la luz que al cuerpo entibia;
y el brote de la flor,
como el pulso que torna,
desprenderán la soga
de la misma penumbra
que al horizonte ciega.
La noche nada impide.
No es su reino la sombra,
ni lo oculto soporta
mucho tiempo a la vida.
La oscuridad persiste
lo mismo que los límites
vencidos por la fuerza
de vivir sin fatiga.
la última nevada
que aún brilla en estas cumbres,
la noche que nos hiela
no vence al corazón
que duerme a oscuras.
A quien guarda las horas
o callado confía,
el mismo cielo inmenso
negado por las nubes
será capaz de abrir
la templanza del suelo,
la luz que al cuerpo entibia;
y el brote de la flor,
como el pulso que torna,
desprenderán la soga
de la misma penumbra
que al horizonte ciega.
La noche nada impide.
No es su reino la sombra,
ni lo oculto soporta
mucho tiempo a la vida.
La oscuridad persiste
lo mismo que los límites
vencidos por la fuerza
de vivir sin fatiga.
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