viernes, 19 de abril de 2019

Aniversario

Cuando amanece,
el reflejo del agua
te reconoce.

Nada le falta
a su mansa corriente
que haya en el aire.

El río nos sigue,
en la luz se presiente
que nunca muere.

Lleva en su cauce
la semilla del mundo,
el mar, la cumbre.
  
  
* (Ante la fecha de un nuevo cumpleaños, este poema en haikus hace una relectura de los ríos de Manrique que, aunque vayan a dar a la mar, no son, por su caudal que fluye, para nada el morir.)
  

jueves, 21 de marzo de 2019

Deseo para dormir

Escucha las estrellas y deja que se acerquen a ti.               
Pep Suñer               
 
Primera luz, día nuevo.
Si todo empieza limpio,
el pulso te conduce
hasta el origen.
El mundo y tú
se estrechan
y comparten
-lo mismo que en tu mano-,
todo lo que es distante y que conoces,
y acude frente a ti
y te hace libre.
El tiempo tiene alas no usuales,
las abres de otro modo para siempre.
  

miércoles, 20 de marzo de 2019

Lo mismo que mirar

Semejante a un lector
en silencio, a tu lado,

no otra cosa es la vida:

liviana compañía,
fiel diálogo.

La tarde ilimitada
en leve espacio.
 
La sed tornada
cálido reposo.
 

viernes, 11 de enero de 2019

Anónima figura

Trazas de lapislázuli
prendidas en su boca
rescatan la minucia 
del taller de una diosa,
de una dulce artesana
volcada en su clausura.
Su perfil aún se inclina
sobre el pincel que acerca
a la luz de sus labios
y deja en su saliva
el relieve que ilustra.
Sin nombre y sin historia
sus ojos bajo tierra
por encima de siglos
afloran y nos llevan
al rumor de la vida
que esta mujer contempla.
Sus dedos cuando pintan
traen semillas de horas
absortas en la imagen
del color de sí misma.
 


 
 * (Si bien los ilustradores de libros medievales no solían firmar su trabajo, unas manchas azules en los dientes del esqueleto de una mujer del siglo XII en Alemania demostró que había mujeres entregadas ya entonces a este trabajo. Hermoso, delicado y sorprendente. El mundo es más completo en su imagen y espejo.)
 
https://www.elperiodico.com/es/ciencia/20190109/historia-pintora-medieval-lapisazuli-7237239
 

jueves, 3 de enero de 2019

Redes

Alto, en el árbol,
el revuelo de plumas
de una cometa.

Una arriesgada
osadía de colores
en ese abrazo.

Mortal viaje
el sueño de dar vida 
a lo reseco.

Por más que ames
hay roces que congelan 
a las orquídeas.

El arco iris
persevera en las ramas
del claro invierno.
 
  
 fotografía de Hilario Barrero

* (Nada más comenzar el año, Hilario Barrero compartió en su muro de FB una fotografía más -y las hay excelentes- de sus paseos por Brooklyn, junto a un haiku suyo: "Pájaro preso, / la mirada de un niño / que aún espera." Son fotos con vida propia capaces de captar lo fascinante. Un desvelo a mitad de la noche me hizo encontrarlo y, a la espera del sueño, jugar con las sensaciones de esa imagen y haiku en ese mismo metro cuyo espíritu e intensidad me son queridos desde siempre. Pude volver al sueño más feliz y más limpio.)


    Y esta fotografía de diciembre es un prodigio. La realidad como una dimensión superior a los sueños. H. B. podría hacer un álbum -de fotos y a la vez de palabras- de un nuevo poeta en Nueva York, por suerte más gozoso, con su cámara y testimonio escrito, en tantas direcciones. Hay material suficiente en su muro de Facebook que lo demuestra. La vitalidad especial de ciudades como N. Y. la saben leer quienes albergan la semilla impagable de vivirla. En la creatividad de estos seres se hace el mundo más rico.
  

domingo, 30 de diciembre de 2018

Notas para un preludio a fin de año

Cuando nada se pierde,
tampoco nada falta.
Y nada inquieta.
Resuenas con el centro de las cosas.
Percibes donde empieza el ir más lejos.
El tiempo acude intacto
a los pies del presente.
Descubres lo que aflora
en lo inmediato,
asistes al arranque
de los brotes de invierno.

      * * * * * *

Olvidar y sentir.
En la palabra
la música 
esperaba
desde adentro.
Donde el mundo callaba
era posible
el vuelo de los nombres
y lo físico,
el principio
y el canto.

      * * * * * *

Dame la mano. En ella
sobre tu palma soplo.
Como un vilano
el cielo puebla
de colores el sueño.
Debajo de los árboles,
al temblor
 del espacio,
el aire se humedece 
al cruzar una fuente.

      * * * * * *

Elige un rayo 
de sol para la noche.
En él te llegue
el trinar de las aves
y el rostro de la tarde
cuando torna a los ojos
su ópalo menguante.
Allí crece el remanso,
hacia el fondo del iris,
donde la nieve duerme.

      * * * * * *

Sumergida en el sueño,
al rumor de la sangre
y el pulso del aliento,
una efigie respira.
Se mece su silueta
varada en una imagen
de quietud intangible.
¿De qué lugar perdido
nos cautiva el misterio
que en su reposo late?
Antes que llegue el alba,
¿su luz de dónde viene?
Como dioses humildes
que pasan en silencio
son frágiles mis pasos
ante su hechizo hondo.
Si un ruido la desvela,
el mármol sería vida
entreabriendo sus ojos. 
En su cuerpo la bruma
al temblar se disuelve.
Por encima del tiempo,
una mano de aire
dejó el soplo en sus labios
y en mí esa leyenda
de un alto paraíso.

 
* (Al igual que nos extrañan los periodos de silencio, otras veces pensamos por qué nos vienen los poemas cuando nos vienen y qué relación tienen con nosotros y hasta qué punto vamos a sentirnos cómodos al leerlos tiempo después, o van a dejar testimonio de algo, de un ideal, de un propósito. Cambiamos tanto a diario por milímetros que la extrañeza es casi natural en breve espacio. Al menos fueron escritos para cruzar mejor el mundo y, al perfilar una sensibilidad, aprender de uno mismo y entender el reflejo de algunos elementos contemplados. Un ejercicio de aceptar cada día lo nuevo. Es fin de año; desde la benevolencia de valorar nuestro esfuerzo cotidiano -y escribamos o no-, espero que todo lo pendiente que queremos siga encontrando su lugar y nos resulte más cerca el año próximo.)
 
 

domingo, 23 de diciembre de 2018

Homenaje

Chopin en Valldemossa,
su salud no remonta pese a tanta belleza
que invernal le recluye en la Cartuja.
Su herida juventud
en una isla de ensueño
aún no hollada, incólume,
hacia mil ochocientos treinta y ocho,
a un palmo de la culta Centroeuropa,
le arrastra sin descanso.
Pese a volcarse en nuevas piezas,
su enfermedad le humilla,
rasga su respirar y le derrota.
Setenta años después,
Ruben Darío
sigue anegado en lágrimas
frente al mar de Mallorca.
No frena su indefensión
la imagen prodigiosa de la isla,
del oro de la isla donde encuentra
la calma de pensar recontando sus años,
y la describe mítica, en la fe de su estética
que vence a su zozobra.
Parece que el dolor fuera mayor
que la belleza. Un piano melancólico
y unos cantos profanos
aún siguen transmitiendo
tal prodigio. Algo vence a la muerte
que tampoco destruye el sufrimiento.
Ambos, desde rincones que vivieron, 
son en mí, los recuerdo. Y me han hecho más libre.
Llego a sus partituras y métrica pagana.
Me expongo, vulnerable, a su tos y a su pánico.
Junto a un arco de piedra
y un viejo tamarindo
me vienen las imágenes de una mujer y un lecho.
En la copa del cántico, el liquen plateado
del final de aquel tiempo da al esplendor que escucho.
 

Estatua de Rubén Darío en el Passeig de Sagreda de Palma 


Escudo de una casa del Carrer del Mar donde pasaron, como reza un cartel, sus primeros días Frédéric Chopin y George Sand al llegar a la isla.