sábado, 30 de abril de 2022

La señal

Desde lo más profundo de la noche oigo trinar un pájaro. Desvelado, al oírlo, de otro modo amanece sin luz, al vibrar la apertura del canto en los sentidos. Ese son, al igual que la piel en el juego amoroso, con los ojos cerrados crea en el vuelo el poder de lo oscuro más allá del espacio que al sentir quiere verlo. Más de pronto, el ave se ha callado, ha debido volar y el inmenso silencio deja un túnel sin cauce donde vierte el vacío tras la clara y fugaz plenitud que es difícil contar. Ha cruzado la noche la señal encendida de una llave de oro que franquea un jardín no explorado adentro de los ojos y allí el ave recala en la fuente del pecho. En sus ondas, mi mano rozó el lado clemente de lo vivo, su latido distinto. Aferrado a su mínimo paso, aguardo su retorno. No el del pájaro que nos canta en la noche; en su encuentro de nuevo, la noche desplegada como un pájaro, los ojos que al abrirse contenían el cielo. Y el sonido era espacio, íntimo, indivisible, irrepetido. 

domingo, 10 de abril de 2022

Revelación

El templo en llamas.
¿Qué salvarías,
el fuego, su pureza,
capaz de arder
sobre las cosas
sin tocarlas
para abrirlas
o el sonido
que esperas
acaso aún increado
del que surge la tierra?
Ese temblor en ti
naciente
de lo vivo,
la advertida certeza
de su hondo resplandor
sobre las sombras.
No viste el templo arder.
Su hoguera
sin cenizas,
eligió su lugar
en tu mirada.
Lo sagrado 
era adentro,
la luz que dirigías
al mirar como nunca
llegando a lo que es
sin posibles palabras,
por pura resonancia
como el hondo
latido de la noche
o del mar
ante el día que presienten,
umbral donde vivir,
precisa claridad
donde fundirse.
 

jueves, 31 de marzo de 2022

domingo, 13 de marzo de 2022

Inquietud y vestigio

Abierta mi ventana
se posan y aletean dos palomas
en su alféizar,
zurean
y al verme a un paso, cerca,
escapan en un vuelo
al tejado de enfrente.
Acuden temerosas si me aparto.
Más tarde bajo el sol aún se citan,
las contemplo de lejos.
Me dejan tras su encuentro
un tallo vegetal que hubo en su pico,
el pálpito inocente de este día,
un augurio sin fecha. 


* (Si las palabras sirvieran de algo frente a cierta adversidad desmedida podría emplear algunas, pero ante la dimensión del daño irracional e imprevisible que vivimos, me resultan casi todas retórica. Pese a la calidez de los momentos como este descrito, la destemplanza ciega de la historia sigue hiriendo el presente, donde parece no importar ni resultan previsibles los límites. Ante esto prefiero la dignidad del silencio, porque todas las justificaciones que se alcen, los relatos de quienes han planeado esta nueva guerra como los de quienes la contemplan y especulan fríamente con ella son ruido si no parte de la misma miseria que avergüenza. Podía decir más, pero he apelado al silencio. E interiormente, a confiar en lo mejor de la naturaleza humana, por frágil y diminuta que parezca la bondad que nos queda. Preferible a los destrozos que por generaciones a diario vemos sembrar en vidas, ciudades y tierras derruidas por las armas, entre las que ojalá no estuvieran, cuando se emplean para el mal, las palabras.) 



 

domingo, 6 de marzo de 2022

Te percibo en el aire

La brisa configura
al moverse tu nombre.
Las palabras recuerdan, 
como el agua, su origen.
Y lo mismo que el agua,
las palabras se impregnan
de aquel que las invoca.
Como somos resuenan.
En ellas todo cabe, 
pero eliges tu forma.
Una dulce mirada 
las hace diferentes,
una sabia manera 
de acoger lo que dicen.


* (Sin duda lo que tiene más valor en nosotros suele ser lo que existe de un modo espontáneo y sentido. Nos atrae lo que sin ningún esfuerzo genera en lo que hacemos un impulso o una profundidad intuida latente desde lejos e interna, o nos reconcilia con esa serenidad y disfrute del presente en sus cosas, o nos acerca al origen del devenir que somos. Y eso, a partir del diálogo con los elementos concretos de cada día vivido. Trabajando hace tiempo en un proyecto sobre alguien querido y siempre vivo, estos versos recrean algunas referencias en las que con frecuencia me acojo y me siento confortado. Como el regalo con que quedaron grabados los varios momentos compartidos, su modulada voz indeclinable y su modo de ofrecer las palabras como si no pesaran a la hora de mencionar el mundo y al hacerlo, a sí mismo. Hablaba de un amigo.)  
  
La luna sobre Artá. Els Pujols, 9 de enero de 2022
 

jueves, 17 de febrero de 2022

Tras el vuelo

Un árbol seco
sostiene intacto un nido
abandonado.

En él sabemos
lo que el cielo concede
a nuestro paso.

Claridad, nubes,
el perfil a lo lejos
de una montaña.

Ahora delante
el cóncavo silencio
de la materia.
  

lunes, 24 de enero de 2022

Atardecer

Despega un ave
de la rama en que estaba,
pero ¿quién vuela?

La lluvia imita
el trino de los bosques
al caer a tierra.

Todo es aroma
en la altura afilada
de una semilla.

Era la música
los colores del aire
a ras del agua.

Baja desnuda
la umbría que se impregna
en las cortezas.


* (Hay varios cauces de escritura, desde el poema breve al más largo y discursivo, pasando por otros de longitud intermedia. Y cada uno implica su diferente intensidad y trazado. El hecho de escribir, más que una seguridad conlleva una extrañeza y una sensación de posible zozobra de conseguir o no el poema en sucesivos instantes de su ejecutoria. La voluntad de querer salvar un texto de sus momentos de inconsistencia es un ejercicio de aprendizaje continuo, sin el cual no se llegaría a ningún sitio, ni siquiera a merodear la condición de escritor. Porque escribir es aceptar el riesgo de generar algo nuevo desde el vacío inicial e imprevisible, al menos en poesía, donde para el arranque nada vale el oficio. 

El poema de la entrada anterior, Lugares donde hallarse, quiso reflejar una realidad y reflexión desde los elementos naturales de un paraje arbolado cuya cualidad y retiro tengo cerca. Este poema en haikus, Atardecer, fue escrito poco después queriendo partir de la misma experiencia y de un similar arranque: la imagen, atendida también por otros autores, del momento en que un ave alza el vuelo al desprenderse de una rama con la consiguiente cuestión: hasta qué punto ave y rama eran, sostenido en el aire, lo mismo o si ambos, por imitar el aire, eran la manifestación de ese deseo de profundidad de lo alto. Escritos uno a continuación de otro, aquí quedaron ambos modos de resolver en distinta medida un apunte poético).

  autor de la fotografía: Lonelyshrimp, en flickr