El roce de dos almas nunca es triste.
El amor que confunde las consume.
Desnudas de su ausencia, lo que sienten
es el ansia perdida de su origen.
El almendro se abre.
El olivo aún duerme.
Frente a ese pulso sabio
y frente deseada,
el mar como horizonte donde morir a veces.
El amor que confunde las consume.
Desnudas de su ausencia, lo que sienten
es el ansia perdida de su origen.
El almendro se abre.
El olivo aún duerme.
Frente a ese pulso sabio
y frente deseada,
el mar como horizonte donde morir a veces.
* (Ahora que veo la fecha, si viviera, hoy cumpliría 101 años Francisco Pino. Y lo demás que calle.)