miércoles, 28 de enero de 2015

No lo leas ahora

Marga Gil Roësset (28 de julio de 1932)
 
En ti vi sin embargo 
lo que no me darías.
Más allá de tus versos, 
de nuevo estaba sola.
Vislumbré en tu figura 
mi más audaz derrota,
mi inasible carencia 
con que huir de mí misma,
la sed que se destruye 
tras alcanzar su forma.
Un esplendor me acoge 
porque detrás soy nada.
Tú sabrás olvidarme. 
Yo cada vez que escribas
cortaré de tus rosas 
la voz que nunca muera.
Llegué a esculpir el aire:
había en ti su belleza.
 
 

* (Este artículo de Blanca Berasátegui en El Cultural sirve para recordar la historia de esta joven artista que se suicidó a los 24 años por amor a JRJ, ahogando en la frialdad de ese acto todas las insatisfacciones de su exacerbada sensibilidad y breve vida. Debió forjar en JRJ el culmen de sus aspiraciones, más allá de la imagen del padre suficientemente amoroso que no sé si tuvo. Al encontrarme hoy de nuevo con su historia en la prensa, qué menos que ofrecer para su voz este poema.)
  

martes, 13 de enero de 2015

Apunte

Flor sin nombre
sorprendida en tu llama
volcada hacia ti misma,
¿hacia dónde te inclinas
que no veas el reflejo
quebrado que a ti llega?
Frágil conciencia
del color y la altura
que seduce y no importa.
Malva melancolía
irisada en las horas
movidas por la brisa.
Leve vitral
de la delicadeza
sobre el hilo
que une
tu corola a la tierra
teñida así de alas.
Ella aspira
tu memoria no vista
por quien cruza
de cerca
y no repara
en tu razón de ser
sostenida,
no etérea,
tan sutil a distancia
que pasa inadvertida.
Cuánto duras
si el rocío o la luz
-también nuestra presencia-
su inmensidad
esquivan
reflejada,
breve tiempo,
en tu aroma.
 

martes, 30 de diciembre de 2014

Sentido

El aire se gira
y entre juncos roza
la forma de un nombre.

Despliega la noche,
sin que venga el día,
su flor más profunda.

El sueño desciende
a un cuerpo de helechos
fatigado y joven.

Aurora desnuda.
La voz de los bosques
en su piel se ahonda.

Un pájaro ciego
hace de un destello
fulgor y materia.

Descifra a su paso
la senda invisible
vertida a una fuente.

 
* (Que la poesía genera poesía es una evidencia. No se puede leer un libro de haikus sin contagiarse de ellos. Ante un año que ha sido para casi todos de un tremendo desgaste, estas palabras están dichas para que sostengan lo mejor del presente. Nada es en vano ni nada -de lo mejor- se pierde. Para todos, Feliz 2015.)
  

martes, 25 de noviembre de 2014

El tiempo ileso

                         a Ángel Campos Pámpano


El mundo adquiere
en tu caligrafía
la luz que acechas.

Queda en tu trazo
el bullir de una fuente
ahora al alcance.

El modo claro
de celebrar el aire
que era tu gesto.

No mancha el viento
el zigzag de los pájaros
antes de irse.

Tras tus palabras
vi arder la clara hoguera
de otra existencia.

La simple línea
trazada en la frontera
de la mirada.

En la escritura
la meta del poema
era la vida.

Pese a la puerta,
como el río que pasa,
que un día abriste.

Vuelvo al refugio
de los cálidos nombres
cuando me faltas.

Caligrafía
de la tarde dorada
escrita en blanco.
 
 
*(Sorprende leer 30 años después de ser escrito -y así ha pasado el tiempo sin que los poemas desfallezcan- esta cita de O Cais, en La ciudad blanca: "Escribir es recuperar su ausencia: / esta sabia costumbre de los ríos / de morir en el agua o en el aire." Y estas palabras, especialmente las del primer verso, se alzan hoy que cumplimos seis años sin la presencia de Ángel Campos y nos acercan en torno suyo a quienes entonces compartimos su vocación por la amistad y lo poético, que siguen siendo en mí un modelo vigente. Él continúa en la memoria de quienes mantenemos el relieve entrañable y acogedor de su voz, el abrigo de un cuerpo familiar y grande y, bajo su ingente cúmulo de proyectos, su vibrante emoción por lo que fue su origen y su entorno. Fue un ser de hermosa carne y hueso. Nos legó en su expresión un camino valioso.)
   

martes, 28 de octubre de 2014

Inicial

Así escribo:
tus manos en mis ojos
aceptando el silencio.

Toco el mundo.
Y ante mí está su rostro
cuyo fondo es el mío.

El vuelo roto
de un pájaro incendiado
soporta el aire.

Lleva el mensaje
ilegible y cansado
del desconcierto.

          * * * 

Arriesgado lugar
haber nacido, mancha
que desprender del todo.



* (Después de un silencio sobrevenido que me llevó a no atender el blog, y tal vez a creer cerrado su ciclo, pues todo tiene un tiempo, ocasión y medida, hoy que el cambio horario ha impuesto también el adelanto de la noche, comparto esta reflexión otoñal, preludio del frío a los pies de noviembre, impregnada de esa inquietud por los días en los que el don de la palabra, interrumpido, más que desposesión es simultáneo buceo para dejar atrás la pez que atenazaba la agilidad del espacio, la piel, el movimiento e incluso el cuerpo que ocupamos que, como la textura del mundo, es peso material de lo diáfano, cuya liviandad pretendemos. Como expresé en la segunda entrega del blog, "no sé que día volveremos". Caídas las distancias, ¿importa algo? En la conciencia de no huir estaba el centro.)
  

jueves, 14 de agosto de 2014

Divergencia

                                           para Javier Dámaso
 

¡Qué frágil servidumbre
amar si por el aire
lo que corta ya viene!
Nos deshace en la noche
el tacto del silencio.
Un dolor en la espalda
sueña su cauce libre.
Ningún final se impone.
Todo comienza al borde
de soltarse dos cuerpos.
Dejan de ser un río
ahora lleno de sombra.
La piel, una corriente
de un quebrado deseo.
Una muda guadaña
recorre los perfiles
de un paisaje profundo
para el olvido limpio.
Adentro de los ojos
se desprende la imagen
de un disuelto remanso.
Quiere asomarse el pulso
a su brocal más hondo,
al eco donde el juego
paraliza el mercurio.
El día que se abre
aún espera semillas
para un vago futuro.
Detrás de esa mirada
se cierra un universo.
No se ha acabado el mundo.
Lo comienzan tus pasos.
    
   
* (En ocasiones, un detalle inesperado y veloz de una conversación nos mueve una inquietud que reaparece hasta perfilar lo que quiere decirnos, de tal modo que el reflejo de cualquier componente del mundo pasa a ser muchos otros reflejos, incluido el nuestro, o un lugar hacia adentro. Nada del exterior estaba fuera de nosotros, ni nada de lo que vemos al final es ajeno. A veces, sentimos al vivir un frágil recorrido, pero junto a él la memoria de un origen sin daño, aquella parte de nosotros que ha de crecer sobre el dolor o el miedo.)
 

domingo, 27 de julio de 2014

Silves

Cenefas verdes enmarcan las ventanas. Y de otros colores. Al sur el verano toma forma de aire húmedo, de luz intensa, sin matiz y marítima. En la ladera, calles de piedras desiguales serpentean y conducen a una manera de vivir silenciosa, ajena a la estridencia, reposada en sí misma, como a la espera de algo que tal vez nunca llegue, pero que ha impregnado de lejos cada forma. Preside una respiración callada la presencia escondida de los gestos y cuidados detalles. Es fácil encontrar a cualquier vuelta macetas y hasta flores que nacen entre las junturas como un pulso secreto ante la cal de las paredes. Más arriba, sobre ellas, una veleta ennegrecida desafía una burla. Y hay pináculos arriesgados que gravitan su mística. En tal calma, una fuente entre algunas palmeras llega a ser un derroche en una plaza. Lo demás es historia en su frágil burbuja.
 
El río llevaría a otro lugar, pero hace tiempo ha elegido los arcos que lo cruzan para venir, para quedarse. En alguna memoria fue posible el oasis. Lo presiente quien recorre este espacio. Hace siglos, alguien levantó aquí una hermosa leyenda para el amor y su palabra. Pasó el tiempo. Llegaron otros hombres de un poder diferente. Incapaces de entender como el agua atraía la umbría, y la sed, los frutales. Sus costumbres negaban que la luna evocara unos ojos.
 
 
* (De un reciente viaje al Algarve, esta imagen de Silves podía ser intercambiable con la de otras muchas poblaciones del sur de estas tierras portuguesas. Cuesta más encontrar en esta zona lugares así, tradicionales y con vestigios de historia y de arte, pero por fortuna subsisten entre la voracidad del cemento y el turismo masivo de algunos puntos de la costa. La inquietud del viaje siempre es la llave para descubrirlos. En Loulé, antiguo enclave árabe sobre otra colina, también quedaba un encanto especial en la vitalidad del presente y lo salvado de antiguo.)