II
Si todo lo que vemos no estuviera tan lejos, no hablaría el deseo de seguir contemplándolo. Para entrar hacia adentro, ¿hay un don o un lugar sin rumor y sin rostro? Tras tanta soledad después de siglos, esperamos lo intacto. Era la división el dolor, la frontera y el rastro confundido. Mas conviene comenzar desde cero. La tinta deja tras su mancha aún fresca el trazo del sentido y su propósito, más allá del rigor de lo opaco. Y aceptar el olvido, deshojar cada signo hasta el hueco que no es desposesión, sino el primer vacío, el seno o cavidad del origen de nuevo en todo lo que importe ser vivido.