martes, 30 de junio de 2015

Sencillez

Cuando te acercas
comienza la escritura
de cada día.

A la vez, el silencio,
real como la tierra
que nos dibuja.

Sobre las olas
el pie de una gaviota
nunca se posa.

Por eso el agua
tan veloz al beberla
se nos desliza. 
 

viernes, 26 de junio de 2015

Tuareg

En el desierto,
cada sílaba hermana
es una casa. 

Huella de arena. 
Cada hueco, el latido
de una persona. 

A donde sople el viento 
iré contigo.

Como el ave que vuela 
a donde el agua.
 

domingo, 21 de junio de 2015

Marcas

En la mano cerrada,
la piel, frontera.

El azogue del tiempo,
dentro, qué guarda.

Cruza una órbita
de canciones heridas.

Calmo la queja
de la noche insegura.

Sobre la umbría tibia
se desprende un aroma.

El cuerpo advierte
el pulso de una estela.

Para el paso descalzo,
la duna frente al agua.

En el mar se refleja
sumergida una roca.
 
  
* (Y en todo caso, hoy, solsticio de verano, en el día más largo del año, este poema en dísticos con esos dos haikus finales leen de la realidad unas marcas capaces de preludiar y sostener la escritura en la vivencia de un fulgor que se intuye, se asoma, o simplemente pasa cerca y vuela.)
  

viernes, 5 de junio de 2015

Amanecer

Si voy a ti, no necesito nada. 
La ciudad donde estás no te rodea
y desde tu interior 
me abre sus puertas
a un rostro y boulevard llenos de música. 
A través de tu piel 
llego a sus fuentes, plazas, árboles,
cafés, teatros, noches y arrabales. 
Una moneda al aire que no cae
y gira y brilla libre y nos seduce. 
Hablo de una mujer hecha de calles
que baila y arde bajo el sol y lluvia

una canción de barro y de libélulas.
Leo en tu voz esa ciudad que duerme
a cuyo lado se despierta el aire. 

  

domingo, 31 de mayo de 2015

Hora cumplida

                                                      a Santiago Castelo, in memoriam

Un labio que cruzara entre dos nubes.
Así tu corazón se nos despide.
Sobre la tibia tierra de encinares
y los olivos de templanza antigua,
bajo un rincón al sol será la cuna
de quien gustó del mar y el mediodía,
la tierna mansedumbre y la querencia
de dibujarnos cuando hablaba
la luz de las macetas,
los cantares,
la mano femenina en las labores,
la mirada traviesa,
el frescor de la cal y el agua limpia:
el origen, la casa, aquella infancia.
Viviste, luego escribes. Nos quedas en palabras.
Desde el anhelo de la fe y la vida,
en la hora grave y a la vez serena,
ya desnudo de niebla, ante tu casa
natal a la que llamas... oyes, hay un rumor,
te esperan, ¡qué impaciencia!,
flor es mayo, como un reloj
tu adiós se hace perfil de alcobas
-oh inminencia frutal, libre llanura-,
alrededor elevas tu mirada,
y todo lo que ves así está bien, y aceptas.
 

miércoles, 20 de mayo de 2015

Despedida a mis alumnos

Ahora que el curso 
acaba y el verano
se abrirá desde playas
y entre noches sin sueño
vueltas al mirador 
de un paraíso -el de la edad
temprana de unos ojos
puros ante el sentido
y la belleza del mundo,
inicial como ellos-
me despido consciente
de lo que un día fui
y veo en vosotros:
el origen de todo
sin más mancha ni peso
que el vuelo de cometas
en un cielo sin nubes
hacia ninguna parte, 
por el gusto infinito
de ondear sobre límites.
El tiempo y el amor es ahora vuestro,
deletreo en mis libros. 
 

domingo, 26 de abril de 2015

Llave

Busco tu nombre
que conduce al mío.
Toco en tu imagen
donde dobla el aire.
Abro la mano, soplo.
Así cruzas. Te observo
sin querer retenerte.
Y vas, vienes... No era en vano
el reflejo hacia adentro
de un don desposeído,
el sentido entrevisto
del vacío en silencio.
 
 
* (No es la primera vez que, tras la escritura de un poema, la reacción de un lector, inadvertida para quien la hizo, genera la escritura de otro texto que engarza con la creatividad todavía abierta del poema anterior. Este es el caso de estas otras palabras surgidas poco después de ese esbozo de remanso interior que hace unos días titulé Patio. Y cada poema es un impulso distinto.)