jueves, 26 de julio de 2012

Vegetal

Han podado el jardín.
Cojo del suelo
tres hibiscus,
cada uno de su color:
rojo, anaranjado y nácar.
Es ese mundo
entre el agua y el viento,
con raíces y lentitud de lo arbóreo
al que aspiro
y no recuerdo si he llegado a entender.
Bajo su reino acogedor e indefenso
busco en la umbría
la semilla
por la que un día sienta
que mis hojas -fuera ya del olvido-
son ese surtidor
del que nacen los pájaros
o tal vez -y a la vez-
el regalo de ellos a la tierra.
 
 

miércoles, 18 de julio de 2012

Arena

Archipiélagos, islas,
palabras, sílabas.
Abre los ojos.
Nubes
            de salitre
                             y memoria.
Deja que el mar invada
la brisa de los cuerpos.

                * * *

Bajo el sol la insistencia
de la luz nos conforma.
 
Unas rocas reflejan
en su humedad las dunas.

Lo que ves permanece,
ni es ajeno ni excluye.

Ingrávido el espacio,
al sentirlo sucede.

Llega a ti y eres parte
que irradia lo que sientes.
 


miércoles, 11 de julio de 2012

Inmensidad


Nadie imagina el mar desde la orilla,
ni lo alcanzan los pies dentro del agua.
El mar lo mismo incita que golpea
y es una inmensidad que espera y llama.
De noche es boca a donde nunca iría.
Su abismo, una canción que no procuro
oír o navegar. Bajo las olas
la muerte es bella, sumergida y muda,
la vida es mansa dimensión soñada.
El mar en su vaivén asalta y deja
una verdad solar en quien lo mira
y entra su cuerpo en él y se abandona.
Un niño juega y al tocar la espuma
apresa ausente el tiempo que le queda.
  

viernes, 29 de junio de 2012

Jaraíz, dos imágenes

                I

Miro el cerezo en flor.
Tanta blancura
precede a unos colores
inextinguibles, jóvenes.
Tanta blancura
fugaz, evanescente:
inmaculada sólo
en la rama o la nieve.

               II

Cerezos en tormenta.
El aire se disuelve
en neblina inasible.
Luz envuelta en un alba
desprendida, volátil.
Invadido de pétalos,
el paisaje semeja
constelaciones, iris.
 
 
                                            a Tomás Sánchez Santiago
                                            Jaraíz de la Vera

 
 

* (Son sólo dos pinceladas acerca del espectáculo natural de la floración de los cerezos que durante tres años me regaló la estancia en Jaraíz de la Vera. Nada más. Hubo quien, al mostrárselos en mi ingenuo entusiasmo, los desestimó literariamente. Reconozco que guardé los poemas sin evitar la tristeza. Formaban parte de un cuadernillo que se me pidió en el que auné lugares y nombres, en este caso el de Tomás, que durante unos hondos y queridos años estuvo enormemente cerca. Todo como la fragilidad de esas flores y pétalos que no superan apenas los quince días o unas horas de blancura velada al desprenderse entre el aire y la tierra. De manera sutil, la naturaleza había ido entrando en mis versos. Ahora es habitual que aparezca. Al rescatarlos, celebro su escritura y revivo estas imágenes que en la ladera donde estaba mi casa podía contemplar.)
  
fotografía de Víctor Ferrando
   

miércoles, 20 de junio de 2012

El volumen del bosque

He rozado algún logro,
sostenido la fórmula,
percibido el sentido
sin cadencia del tiempo.
Busqué limpio el origen,
lo concebí en mí mismo
cercano a lo que escribo.
Sé que a veces se esconde
y ahora sin él recorro
los parajes de siempre
a espera de que vuelvan
de nuevo las palabras
por encima del fondo
de las interrupciones
y sirvan de esperanza
como lugar posible
al costado del día
más agitado o denso,
como espacio seguro
de remanso que lleva
fácilmente de vuelta
al momento en que somos
mientras sucede el vuelo
sin cesar que se abre
y a veces pronunciamos,
o la lluvia nos cae
buscando las raíces
presentidas del bosque, 
y el temblor, su volumen.
     

jueves, 17 de mayo de 2012

Destello

La lectura merodea lo admirable. Una vez conseguido, no merece volver a lo rutinario. Los ojos de lo inmenso ya han cambiado. Te he leído. Soy otro.
 

sábado, 12 de mayo de 2012

Intermedio

Lo que se escribe, cuando tiene sentido, ha encontrado su sitio. El lector entonces, sea quien sea, y también quien escribe, halla en esas palabras un espejo o un reflejo necesario del mundo. Con el mismo placer que en un paseo ante un descubrimiento.