Nadie
imagina el mar desde la orilla,
ni
lo alcanzan los pies dentro del agua.
El
mar lo mismo incita que golpea
y
es una inmensidad que espera y llama.
De
noche es boca a donde nunca iría.
Su
abismo, una canción que no procuro
oír
o navegar. Bajo las olas
la
muerte es bella, sumergida y muda,
la
vida es mansa dimensión soñada.
El
mar en su vaivén asalta y deja
una
verdad solar en quien lo mira
y
entra su cuerpo en él y se abandona.
Un
niño juega y al tocar la espuma
apresa
ausente el tiempo que le queda.
