miércoles, 11 de julio de 2012

Inmensidad


Nadie imagina el mar desde la orilla,
ni lo alcanzan los pies dentro del agua.
El mar lo mismo incita que golpea
y es una inmensidad que espera y llama.
De noche es boca a donde nunca iría.
Su abismo, una canción que no procuro
oír o navegar. Bajo las olas
la muerte es bella, sumergida y muda,
la vida es mansa dimensión soñada.
El mar en su vaivén asalta y deja
una verdad solar en quien lo mira
y entra su cuerpo en él y se abandona.
Un niño juega y al tocar la espuma
apresa ausente el tiempo que le queda.
  

viernes, 29 de junio de 2012

Jaraíz, dos imágenes

                I

Miro el cerezo en flor.
Tanta blancura
precede a unos colores
inextinguibles, jóvenes.
Tanta blancura
fugaz, evanescente:
inmaculada sólo
en la rama o la nieve.

               II

Cerezos en tormenta.
El aire se disuelve
en neblina inasible.
Luz envuelta en un alba
desprendida, volátil.
Invadido de pétalos,
el paisaje semeja
constelaciones, iris.
 
 
                                            a Tomás Sánchez Santiago
                                            Jaraíz de la Vera

 
 

* (Son sólo dos pinceladas acerca del espectáculo natural de la floración de los cerezos que durante tres años me regaló la estancia en Jaraíz de la Vera. Nada más. Hubo quien, al mostrárselos en mi ingenuo entusiasmo, los desestimó literariamente. Reconozco que guardé los poemas sin evitar la tristeza. Formaban parte de un cuadernillo que se me pidió en el que auné lugares y nombres, en este caso el de Tomás, que durante unos hondos y queridos años estuvo enormemente cerca. Todo como la fragilidad de esas flores y pétalos que no superan apenas los quince días o unas horas de blancura velada al desprenderse entre el aire y la tierra. De manera sutil, la naturaleza había ido entrando en mis versos. Ahora es habitual que aparezca. Al rescatarlos, celebro su escritura y revivo estas imágenes que en la ladera donde estaba mi casa podía contemplar.)
  
fotografía de Víctor Ferrando
   

miércoles, 20 de junio de 2012

El volumen del bosque

He rozado algún logro,
sostenido la fórmula,
percibido el sentido
sin cadencia del tiempo.
Busqué limpio el origen,
lo concebí en mí mismo
cercano a lo que escribo.
Sé que a veces se esconde
y ahora sin él recorro
los parajes de siempre
a espera de que vuelvan
de nuevo las palabras
por encima del fondo
de las interrupciones
y sirvan de esperanza
como lugar posible
al costado del día
más agitado o denso,
como espacio seguro
de remanso que lleva
fácilmente de vuelta
al momento en que somos
mientras sucede el vuelo
sin cesar que se abre
y a veces pronunciamos,
o la lluvia nos cae
buscando las raíces
presentidas del bosque, 
y el temblor, su volumen.
     

jueves, 17 de mayo de 2012

Destello

La lectura merodea lo admirable. Una vez conseguido, no merece volver a lo rutinario. Los ojos de lo inmenso ya han cambiado. Te he leído. Soy otro.
 

sábado, 12 de mayo de 2012

Intermedio

Lo que se escribe, cuando tiene sentido, ha encontrado su sitio. El lector entonces, sea quien sea, y también quien escribe, halla en esas palabras un espejo o un reflejo necesario del mundo. Con el mismo placer que en un paseo ante un descubrimiento.
 

miércoles, 9 de mayo de 2012

Espejo

Lo infinito olvidado,
anhelo interrumpido,
trunco paso
que hiere como péndulo
lentísimo. Roza
por mi dolor
tu gesto
tácito y alborea
el amor
más exigido, voraz
irisación
que copia
el agua.
 
 

* (Si de algo nos hace plenos dueños un blog es de la clara fidelidad de los textos mostrados. Somos -antes y en todo momento- el editor, el corrector de imprenta, el de estilo y, si se precisa, el autor que no da por bajada su guardia ante cualquier minucia absorbente en pos de su precisión y cuidado. Por contraste, traigo aquí uno de esos poemas que en el momento de su edición en papel cargó con el grave daño de las erratas, lo cual fue algo frecuente en mis dos primeros libros. Una sola r de más convertía una sencilla irisación en esa burlesca irrisación final casi ofensiva en su absurdo. Por aquel entonces, faltaba un tiempo para llevar a la imprenta los libros en archivos de ordenador -y evitar el tecleado incorrecto-, y también para un mayor rigor en las ediciones provinciales de estos libros. Frente a esas incómodas erratas, esta entrada intenta resarcirse de la tristeza y derrota de aquella tiranía y mohosa deformación de lo descuidado. Algo impensable cuando las ediciones de los libros están en manos de verdaderos poetas.)
 

miércoles, 2 de mayo de 2012

Conformidad

Mira el otoño
crujir en sus cristales
las hojas secas.
  
Tras un verano
de cosecha cerrada,
qué más esperas.
  
Casi descalzo,
el hilo de la niebla
te arroparía.
  
Por eso ahora
la bonanza del aire
te mece y basta.
 
 
* (Mayo es, en la tradición, el primer mes para palpar lo granado. El último Abril, intenso, ha cumplido también con su papel imprevisible y arriesgado moviendo todo por el placer de dejar cada elemento limpio o nuestro proceder sin argumentos. Abril hermoso, como sus inesperadas nieves o la imposibilidad de usar bajo sus cielos inestables un pensamiento válido para dos días seguidos. Este poema en haikus -costumbre surgida desde el escrito a Fukushima- esboza uno de esos momentos cercanos a saberse casi a cero, y cero es más que nada o, por decirlo de otro modo, sin él no existe la posibilidad de comienzo, o este no es tal si no concibe dejar atrás y por completo cualquier peso. Incluyendo los que se arrastran veladamente desde siglos. Lo cual había que atravesar y esperarlo. Se nos olvida que tras la intempestiva tormenta -cuya belleza nos obliga al cobijo- los días siguen cálidos y capaces para acoger los mejores propósitos. A un abismo y a un paso, en lo inmediato.)