sábado, 16 de septiembre de 2023

Serenidad

El otoño es salobre en sus colores, 
un leve aprendizaje a ser más viejo. 
El cuerpo cede y el olvido adensa 
el paso que prosigue hacia otra altura.

Las aves cruzan ciegas y solemnes, 
la tarde late oculta en ocres luces, 
el mar ahonda su profunda noche 
que al cuerpo templa en medio de la orilla.

Recoges del racimo las esferas 
dulces y lentas de un verano antiguo 
que libará su ofrenda a nuevos días.

Los mismos que dejaron en tu pulso 
el sueño que fue cierto y ya es espuma 
de un valle y claridad al sol que dora. 
  
pintura de Joaquina Serrano y Bartolomé, Museo del Prado


domingo, 3 de septiembre de 2023

El salto

                                  a Sinnead O'Connor, in memoriam

                                  Nothing compares to you          
                     
Hay ángeles de insólita belleza
con las alas disueltas en ceniza
precipitadas sobre el barro. Yerran
perdidos en su abismo. Respiraron

el dolor de estar vivos, las heridas
ocultas desde lejos, la intemperie
de desear el reino de lo bello
y recibir el filo de lo helado.

Sentimos un impacto. Recogimos
de un ópalo incendiado oscuros restos,
espasmos excesivos para un lirio,
un grito inconsolable ajeno y mudo.

Allí donde hay aristas invisibles
su vuelo naufragó en la piel del aire.
A cambio quedó luz en la infinita
nostalgia de ser él y no olvidarlo.

El ángel descargó todo su miedo.
El mundo fue incapaz de retenerlo.
     

 * (El final del verano no sólo trajo en los últimos días de agosto la lluvia torrencial como una certidumbre de que el otoño acudiría nuevamente tras los días más cortos, sino un recuerdo obligado hacia alguien recientemente fallecida que sabía transmitir la sensación de la belleza, casi hecha a su imagen, en la vibración de su canto; para quien, sin embargo, esta serenidad y elevación que su voz concedía no fue suficiente refugio para ella. Al oírla, como en otras personas singulares, honramos la vida que perdura más allá de sus horas más hondas y quebradas.)

 

viernes, 18 de agosto de 2023

F.G.L.

18 de agosto. Hoy la muerte recuerda
el temblor indebido de un joven sudoroso, 
hondo y frágil, maniatado, sin rumbo,
marcado por un naipe de venganza inclemente,
truncado injustamente a espaldas de la noche.
No queda rastro alguno del final destrozado 
del sueño irrepetible de un gigante indefenso,
brillante como un niño escondido en un pozo
persiguiendo el hechizo de un reflejo inasible
que siente con la fuerza de la nieve que arde.
Su voz volcó el latido de todos los relojes.
Desató sin saberlo el pulso más invicto.
El odio maldiciente derribó su figura
para que su silencio no incendiara los ojos
con la sed admirable de todo lo visible.
La tierra es un secreto donde cabe su sangre.
Basta leer sus ojos para saberlo quieto
dormido bajo el agua al calor de las huertas.
Nació para dar vida y ese fue su delito.
De volver llegaría desnudo e impecable,
perforada su alma de jazmines ilesos.


Cala Torta, al atardecer, 18.agosto.2023





Take this waltz, por Leonard Cohen https://www.youtube.com/watch?v=jWMOqVKHeSQ 

Pequeño vals vienés, por Silvia Pérez Cruz https://www.youtube.com/watch?v=vx5CW0Vyvi8 


viernes, 11 de agosto de 2023

Leviatán

veces las palabras 
dan frío, sus raíces 
se pierden en el miedo, 
desconocen, carecen, 
hacia nada conducen, 
proceden de una noche 
confusa e invariable 
como un fango que cubre 
un espacio deforme. 
El hombre las emplea 
con hambre de tinieblas, 
desde una furia inútil 
obcecada y de sombra. 
Son un rumor sin aire, 
una voz que no expresa, 
la deforme semblanza 
de un ruido permanente. 
Su estrépito y renuncia 
invocan el fracaso 
de alzarse contra aquello 
que era luz en su origen: 
la intensidad de un arco, 
la verdad inocente, 
el pálpito del mundo 
donde honrar su reflejo, 
donde ser y mirarse 
y al tiempo descubrirse. 
Las palabras nacieron 
como brota en silencio 
la tierra cuando late 
al recibir la lluvia. 
Recuerda su comienzo 
de lenta transparencia, 
su entrega minuciosa 
empapando los rostros. 
Las palabras respiran 
al sostener el aire, 
son el hilo invisible 
de todo lo que existe. 
Lo que mancha sus voces 
evítalo si buscas 
discurrir sin más nada, 
vibrar en lo que halles. 
El agua siempre fluye, 
óyela como corre. 
El linde de su orilla 
es la sed que disuelve. 
Lo mismo en las palabras: 
no enturbies, no recubras 
de neblina sus ojos, 
deja que te despierten 
con la imagen del mundo  
y que ellas pronuncien 
lo que al callar intuyes. 
El hombre nace, crece, 
en sus manos recibe 
el misterio de un ave, 
el fuego y sus visiones, 
el don del horizonte. 
Sin embargo su esfuerzo 
como el olvido asola. 
El mundo que procura 
muchas veces sucumbe. 
Lo que amen tus ojos 
será lo que te lleves, 
la fuente del silencio 
que era el ser de los nombres.
 

martes, 18 de julio de 2023

Fronda

¿A qué hora cruza
el corazón la sombra,
la brisa el alma?

No sé en qué idioma
la fuente que no cesa
conversa a solas.

En lo profundo
del silencio y la noche
lucen estrellas.

Nunca hay frontera
en el linde que el aire
libre atraviesa.

Cerca del agua,
como el ciervo que bebe
y tiembla y huye.

Ahora el reflejo
del manantial que corre
lleva su imagen.

 
* (El anhelo de un locus amoenus en donde reencontrarnos, como son para Manuel Simón Viola los espacios naturales de su natal La Codosera que en ocasiones nos comparte en sus fotografías, dio lugar a la escritura de este poema y, por eso mismo, quiero brindárselo a él, así como agradecer el diálogo lector con Isabel Jimeno por su oído y consejo al filo de cerrarlo.)



jueves, 13 de julio de 2023

Altura

                                   a Fermín Herrero, por su amistad y su palabra

En esa grieta
el horizonte espera
dormir un día.

Al caer la noche
un murmullo de insectos
el mar anega.

El viento mueve
el dolor olvidado
entre las ramas.

Brota un helecho
aferrado a la roca
de la memoria.
 


jueves, 18 de mayo de 2023

Rendición

Una isla te enseña
a volverte una isla
adentro de la isla.
Hay rincones intactos 
que aún guardan su belleza
sosegada de siglos.
Al retornar a ellos
te bastan las señales
del rodar de los días,
la compañía sencilla
de la brisa que cruza,
cómo pasan las nubes,
la luz de la montaña, 
los jardines de patios
que recrean un mundo
clausurado y abierto 
a la vez tras las rejas
de un tiempo detenido
que observa al paseante,
o ese ritmo apartado
del color de la piedra
en calles donde el agua
corre al pie de unas flores
y perviven relieves
labrados para aquellos
que el asombro cultivan.
A solas una isla
emerge piel adentro
hasta alzar en el pecho
su perfil y oleaje,
su reino sumergido
donde el rumbo se borra.
Llegas a abrir los ojos
como el sol cuando asciende,
llegas a ser la noche 
del bosque que la cubre.