Dame tu amor
después de todo.
Delante del espejo,
en la luz fría.
Para vencer el filo
de la muerte varada.
Al lado de palabras
que disuelvan la nieve,
la frontera de niebla,
el horizonte mudo.
Habla quien ya no vuelve
del lugar del vacío.
Si en mi piel tu partida
fuera un juego de niños...
domingo, 6 de octubre de 2013
domingo, 8 de septiembre de 2013
Reloj de arena
Aguas
del Duero
vertidas al Atlántico,
si no os volviera a ver
qué adiós diría,
podría sentir aquí
ver morir la tristeza.
Fado abierto de Oporto,
puente tendido
desde el recodo
secular del viento.
Un espejismo huir.
¡Tan cerca queda el mar
desde esta orilla!
Sobre el agua se graba
el día entre las barcas.
vertidas al Atlántico,
si no os volviera a ver
qué adiós diría,
podría sentir aquí
ver morir la tristeza.
Fado abierto de Oporto,
puente tendido
desde el recodo
secular del viento.
Un espejismo huir.
¡Tan cerca queda el mar
desde esta orilla!
Sobre el agua se graba
el día entre las barcas.
martes, 27 de agosto de 2013
Estaciones
Quien aspira a volar
se disuelve en el aire.
Mas el aire quisiera
ser como tú, corpóreo.
Huimos de la imagen
que a los otros complace.
La materia nos forma
a la vez que es un límite.
Encierra sensaciones
de un devenir extraño.
Describo su memoria
al desprenderse:
un sueño interrumpido,
un fulgor que no duele.
En el cuerpo se esconde
al latir lo difícil,
esparcidos fragmentos
de un saber entrevisto,
un perfil de violines,
el silencio en la nieve.
Si respiro, sucede
sin pausa lo distante.
La raíz que me ofreces
es mi voz ya sin nombres.
se disuelve en el aire.
Mas el aire quisiera
ser como tú, corpóreo.
Huimos de la imagen
que a los otros complace.
La materia nos forma
a la vez que es un límite.
Encierra sensaciones
de un devenir extraño.
Describo su memoria
al desprenderse:
un sueño interrumpido,
un fulgor que no duele.
En el cuerpo se esconde
al latir lo difícil,
esparcidos fragmentos
de un saber entrevisto,
un perfil de violines,
el silencio en la nieve.
Si respiro, sucede
sin pausa lo distante.
La raíz que me ofreces
es mi voz ya sin nombres.
*
(Quise que en los últimos días de agosto apareciera en el blog este
poema que había escrito durante el mes y retocado en esas fechas previas. Me
encontraba pasando de nuevo unos días en Portugal junto al
Atlántico, desde hace años a mil kilómetros de mi residencia mallorquina.
Y de donde volví con la sensación de ser un lugar magnífico para
vivir si así de fáciles fueran los deseos terrenales. Me costó
encontrar cerca de donde estaba un cibercafé para preparar la
entrada que mostré con el poema exento. Con la urgencia del
momento, opté por no incluir unos versos emblemáticos de Juan
Manuel Rozas que me resonaron durante su escritura, pero que ahora,
tiempo después, aquí recuerdo: "somos ruido de rosas, dioses
para la muerte". Porque siempre, después de atravesarla de
nuevo, y más con los seres queridos más cercanos, queda la sensación, mientras
vuelven los días que germinan y a cuyo rostro nos volvemos, de ser
parte de ella. Hasta que un día el propio pulso nos sacude y devuelve al
sentido de lo que alcanza la existencia.)
martes, 13 de agosto de 2013
Isabel
Una paloma, amor, mujer que vuela,
mi madre ya partió, retengo ahora
su última mano que es la mía
y el hueco de su huella mudo expresa
esta separación, la hora
donde el aliento eleva la tibieza
querida de aquella carne y luz
no abandonada, menos rota.
Hoy sostienen mis huesos entera tu estatura.
Aunque te vayas, más cerca ahora ves.
Aquí en mi cuerpo te ofrezco que residas.
Yo soy también lo que tú eras.
Contemplo la levedad hermosa de tu alma:
qué ventana no da dolor abierta a la belleza
que hoy por doquier asalta.
Madre, mira la gratitud continua de la vida,
el reposo maestro de tu ternura y nombre.
Nacido de tu ser, este latido
da fe del mundo que ante ti se entrega.
mi madre ya partió, retengo ahora
su última mano que es la mía
y el hueco de su huella mudo expresa
esta separación, la hora
donde el aliento eleva la tibieza
querida de aquella carne y luz
no abandonada, menos rota.
Hoy sostienen mis huesos entera tu estatura.
Aunque te vayas, más cerca ahora ves.
Aquí en mi cuerpo te ofrezco que residas.
Yo soy también lo que tú eras.
Contemplo la levedad hermosa de tu alma:
qué ventana no da dolor abierta a la belleza
que hoy por doquier asalta.
Madre, mira la gratitud continua de la vida,
el reposo maestro de tu ternura y nombre.
Nacido de tu ser, este latido
da fe del mundo que ante ti se entrega.
* (El pasado 11 de agosto, hacia el mediodía, falleció mi madre, en su casa, de manera rápida y sencilla. Es una pérdida que conmociona desde el momento de recibir la noticia, pero que al día después de su ausencia definitiva vuelve a tomar en el dolor su extraña forma. Es el duelo y la inevitable despedida humana, por encima de nuestra concepción de la muerte o de las claves invisibles o tácitas de la vida, pues este juego y recorrido lleva con él estas inaprensibles cartas. Tras la bondad y satisfacción de lo palpable, viaja también la frialdad de los perfiles de la separación y de lo que no continúa. Este poema estaba escrito hace un tiempo. En las muchas crisis de salud de estos seres queridos se vive y anticipa la realidad de la muerte que, como otras experiencias de la vida, no sólo son el fruto de un momento y están presentes en distintos instantes y reflejos. Todo lo que es un camino serenamente culminado tiene sentido, igual que tuvo consistencia y cobijo, para ella misma y para nosotros, su anterior cercanía y su memoria. Es todavía el momento del silencio y entender la medida que ahora tiene todo, sin su presencia y gestos, para quienes la conocimos, pero hay un impulso por el que queremos, con algunas palabras, conjurar estos hechos y dejar la constancia de nuestra gratitud y sentimiento. Hablo esta vez en plural, en voz de mi familia y mis hermanos, hace tan poco, al despedirla, todos juntos.)
domingo, 28 de julio de 2013
Cruce
“Aquí el viajero debería girar hacia el Oeste, siguiendo el hermoso valle del río Limia -Lima, en Portugal-, y que los romanos creían el Lethe, el río mitológico del olvido.”
Ante mí vi el fluir de un río hacia al Oeste,
donde la luz sin declinar cada tarde resurge.
Mi mano entró en él, sintió su cauce,
hasta volverse curso móvil, líquido.
Yo recorrí sus puentes y la umbría de los bosques.
Pensé que este lugar conduce a un sitio eterno
pues el deseo sostiene el esplendor de lo frágil.
¿Qué más da como llames a esta mansa corriente?
Donde todo se agota cabe lo inextinguible
y el olvido no existe ante el rumor de líquenes.
El día sucede igual ajeno a las señales
de nuestra incertidumbre y lo cambiante,
pues su iris no atiende la gloria o la hecatombe.
Toco el río que de otros fue dorada leyenda
y ante mí su verdad es de piedras y musgos.
Desliza, como yo, lo que es, en reposo,
más también su reflejo me devuelve una cúspide.
Se dijo que al cruzarlo borraba la memoria
no así como descanso sino aldaba de muerte,
pero yo veo su agua y agitación de peces
propia de lo que incita, no de lo que destruye.
Si desdeño ese pánico, me quedan unos valles
más propios del retiro de la naturaleza
con la ebriedad de todos sus lenguajes.
Elijo sumergirme y atravesar su lecho,
me imagino en su fondo braceándolo inquieto,
buscando algún vestigio que explique del pasado
esta hermosa creencia de la orilla que es gélida.
Quien no teme a la muerte desviste su belleza,
plateado semblante que aún no me requiere.
Oyes cantar del aire el vuelo de lo libre.
Dejas que una figura se esconda entre los robles.
* (Para combatir el exceso de calor de este verano capaz de reducir nuestros ritmos habituales a lo mínimo, valga esta recreación surgida de una señal inesperada y tentadora. ¿Quién -como yo pensé al leer esta cita de una guía de viajes- no se atrevería a cruzar el río de la muerte, en los bellos parajes por donde cruza este caudal portugués y gallego y poderlo contar, y tras esta impulsiva profanación de lo sagrado -y del pánico sentido por otros hombres-, traer otro conocimiento hasta ahora vetado, no el del fuego arrebatado a los dioses, sino el del relato capaz de comenzar desde cero el origen de todo, con la frescura y nostalgia de lo inicial e insobornable?)
lunes, 15 de julio de 2013
Geografía urbana
Luces tenues de marzo.
Cae la tarde.
Frágil es esta luz del norte.
Remanso en esta plaza
dorada. Es una nube
esos niños que cruzan,
las nervadas barandas,
la piedra casi móvil.
El aire azota fresco.
Cae la tarde
más, y el sol, sin huir, no resurge...
Últimos resplandores, gris espacio.
Helada noche habrá para jazmines.
Si enemigo es amar lo que no muere,
vuélvete de esa crin a la costumbre.
Cae la tarde.
Frágil es esta luz del norte.
Remanso en esta plaza
dorada. Es una nube
esos niños que cruzan,
las nervadas barandas,
la piedra casi móvil.
El aire azota fresco.
Cae la tarde
más, y el sol, sin huir, no resurge...
Últimos resplandores, gris espacio.
Helada noche habrá para jazmines.
Si enemigo es amar lo que no muere,
vuélvete de esa crin a la costumbre.
* (Ayer noche, tras bajar el bochorno después de una tormenta, volví a pasear por la plaza de San Pablo de Valladolid al pie de la magnífica fachada plateresca de esta iglesia, como lo es la del cercano Colegio de San Gregorio donde se ubica el Museo de Escultura policromada. En este sitio, más de 25 años atrás, fue escrito este poema de Las horas próximas, libro donde de un modo no explícito fueron quedando reflejados varios enclaves de esta ciudad: calles, plazas, rincones, las cercanías del río, bares... Un paisaje más bien urbano, todavía no abierto a la naturaleza de los lugares posteriormente vividos. El Valladolid invernal que poco a poco se sacudía de sus fríos hacia los meses más templados quedó retratado como un espacio íntimo a resguardo del tránsito de la ciudad y emergido entre nieblas, el color de la noche y paseos a lugares hasta entonces no revelados o advertidos, la mayoría testigos de otro tiempo y menor dimensión, si de algún modo viejos, mucho más personales y acogedores. Puedo pasear por la ciudad que quedó escrita y en cuya resonancia se mantienen, de las sensaciones vividas, las señas de identidad de lo que fuimos, somos y por tanto queda.)
viernes, 5 de julio de 2013
Plenilunio
Subirá el mar
y cubrirá los ojos,
y quedarán los árboles
o el espacio y los cuerpos
sumergidos, sonámbulos.
El tiempo será un raro paraíso
mezcla de conmoción
y de reposo.
Desde la densidad flotante de las algas
el sol es una aparición
sin final ni comienzo.
Todo danza en un ritmo de peces circulares.
Igual que en la placenta
un niño crece,
en esta dimensión
el silencio sucede.
y cubrirá los ojos,
y quedarán los árboles
o el espacio y los cuerpos
sumergidos, sonámbulos.
El tiempo será un raro paraíso
mezcla de conmoción
y de reposo.
Desde la densidad flotante de las algas
el sol es una aparición
sin final ni comienzo.
Todo danza en un ritmo de peces circulares.
Igual que en la placenta
un niño crece,
en esta dimensión
el silencio sucede.
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